Con los datos en la mano ya sería suficiente para presentar esta ascensión y calificarla como muy dura. Un puerto que puede parecer corto por sus algo más de siete kilómetros de escalada, pero que a todo cicloturista se le hace largo debido a unas pendientes realmente altas que dificultan el pedaleo. Dos zonas de leve descenso en la última parte contribuyen a suavizar la pendiente media y a engañar a aquel cicloturista que sólo se fija en unos pocos datos a la hora de afrontar esta subida. Sin eso, la Cruz de Linares sobrepasaría el 9% de media…

Comienza la vertiente sur de esta Cruz de Linares a pocos metros de la localidad de Proaza, en un desvio que encontramos en la carretera As-228 hacia Bandujo, la Proacina y Sograndio. Ya de pronto debemos meter plato pequeño y subir coronas pues la pendiente se coloca rápidamente en el 12-13%. Un recibimiento que a cualquiera se le atraviesa… y aún más cuando hemos de superar rampas de hasta un 15%. Tampoco el asfalto ayuda y ello nos hace preguntarnos dónde finalizará este sufrimiento. Cuando alcanzamos el desvío a Bandujo aún llevamos un kilómetro. Será cuando la carretera se meta de lleno en el bosque, lo que aumenta la sensación de desasosiego, ya que ahora ni se ven las rampas que nos esperan. Sin apenas descansos, sin apenas respiros, vamos cogiendo altura a una velocidad de vértigo. Y llegamos a Sograndio, en torno al kilómetro 3 de ascensión, cuando llevamos una buena paliza en el cuerpo, pues la pendiente media ronda el 10%, claro indicador de que esta ascensión no es ni mucho menos una broma. Pero las rampas se siguen incrementando y la carretera toma inequívocamente dirección hacia el cielo. Son realmente espectaculares los “muros” que nos vamos a encontrar en dicho pueblo, aunque dicha espectacularidad sólo nos parezca tras haberlos superado, pues en pleno esfuerzo sólo nos queda apretar los dientes para superarlos. Tras salir del pueblo el panorama continua sin cambiar, pero tras 4,7 kilómetros, de pronto, “la montaña, al fin, cede”… y ya era hora. Serán 300 metros que nos servirán para respirar, para recuperarnos en parte y afrontar con mayor dignidad la última parte. Poco a poco se vuelve a incrementar la pendiente, hasta situarse en unos respetables niveles (8-9%) durante el sexto kilómetro. Abandonada la arboleda a la salida de Sograndio, nuestro camino se ha despejado casi por completo, lo que nos permitirá divisar el último kilómetro de escalada, una zona final bellísima. Otro suave descenso (más leve que el anterior) servirá para afrontar las últimas rampas con garantías. La Cruz de Linares se sitúa a 830 metros y por esta vertiente tiene una longitud de 7,2 kilómetros. Un puerto corto, pero extraordinariamente duro que bien puede ser enlazado con su vecino Campa Dosango-Tenebreo o los temidos Cobertoria y San Lorenzo.

Unas imágenes de la ascensión:


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