En el año 2006 tuvimos la oportunidad de disfrutar de una de las mejores etapas de la historia de la Vuelta a España. Aquella Fonsagrada-Alto de la Cobertoria transitaba por varios de los puertos más duros de la orografía asturiana, puertos de paso, verdaderamente, aunque el final buscado no fue, sin embargo, en mi opinión, el adecuado, ya que el concejo de Quirós presenta otras subidas mucho más duras. Si ya el año pasado puse en este mismo blog la subida a Alba (con sus 7 kilómetros a una media del 10,4% y rampas máximas del 26%) y en éste Bermiego, presento ahora otra de las ascensiones más duras que se pueden hacer en este municipio asturiano: Villamarcel. Puede que a lo largo del reportaje alguien pueda pensar que es imposible hacer finales de etapa en sitios como éste, pero ahora que se va a subir en hormigón a La Bola del Mundo y se asfaltan otras para que llegue la Vuelta, como Coto Bello o el Angliru en su día, no parece descabellado hacerlo en esta ascensión, aunque aquí la presento como un reto cicloturista.

Pero vayamos por partes, ya que a la indudable belleza paisajística por la que transcurre esta subida (como se ve en las imágenes de abajo) se unen unos datos realmente escalofriantes: 6,7 kilómetros a una media del 9,64%, rampas de hasta un 23%, un kilómetro por encima del 15% y un tramo de más de dos kilómetros en hormigón (en bastante buen estado). Además, cuenta con un tramo de ligero descenso cuando llevamos casi kilómetro y medio. Sin esa zona la pendiente media rondaría el 10%. Números, por tanto, muy respetables y a tener en cuenta cuando esta primavera o verano nos acerquemos a Quirós y, más concretamente, a Villamarcel.

Comienza nuestro trayecto en Bárzana de Quirós, cuando encontramos un desvío hacia Coañana y Villamarcel. Un suave descenso hasta el puente sobre el río Quirós nos servirá para relajar las piernas y afrontar con las mejores garantías una subida demoledora. Pasado dicho puente las rampas se sitúan entre el 7 y el 9%, con varias curvas, alguna de herradura. Nos ayuda mucho en esta primera parte de la ascensión, hasta Villamarcel, que la carretera discurra por una zona arbolada, lo que en uno de los soleados días de verano o primavera se agradecerá bastante (lo cual no me sucedió cuando subí, como se puede ver). Tras dejar atrás el desvío hacia Coañana se abre ante nosotros un breve descenso de apenas 300 metros que será el último en toda la ascensión. A partir del mismo las pendientes irán “in crescendo” de manera notable. Primero al 8, luego al 9% hasta que, al transitar por las mismísimas caleyas de Villamarcel y en hormigón, las rampas se van al 20%. Es el momento de apretar los dientes y disfrutar al máximo, aunque suene contradictorio, puesto que ahora la carretera se despeja bastante y la grandeza de la subida se muestra en todo su esplendor. Con un rampón de los que dejan marcado a todo buen escalador nos alejamos de Villamarcel en busca del final del sufrimiento. Y tras ese aperitivo en hormigón aparece uno de los tramos más impresionantes que haya subido en bastante tiempo (ojo a la foto, que es espeluznante). Estamos en la zona más dura de la subida y aquí ya no hay lugar para lamentos. Hay que pedalear con todas las fuerzas para vencer unas rampas que parecen inclinarse más a medida que subimos. Curva de herradura y cambiamos de orientación en nuestro trayecto. El tramo es muy similar a aquel del puerto de Las Bobias, en Xomezana, aunque con la ventaja de que aquí nuestra bicicleta (de montaña) tracciona mejor. Alguna ventaja teníamos que encontrar. Pero poco más. Las vistas, a pesar de la niebla que me encontré, son espectaculares, con el Gamoniteiru, el coloso del Aramo, de espectador de excepción de mi lento pedaleo. Ya en los últimos metros me encuentro con tramos nevados. Da igual, continuo hasta que el hormigón deja paso a una pista de tierra que corona unos cuantos kilómetros más arriba. Y ahí ceso la medición, punto en el que perfectamente se podría subir con la “flaca”.

 

 

Algunas fotos de la subida:

 

Este es el desvío que encontramos en plenas calles de Bárzana de Quirós.

 

El puente sobre el río Quirós, donde comienza la ascensión.

 

 

Bifurcación de la carretera, en la que tomamos la de la izquierda, hacia Villamarcel (tras él, un breve descenso).

 

 

Rampas muy sostenidas entre el 8 y el 10% y asfalto en muy buen estado, es la tónica de esta primera parte.

 

Y llegamos a Villamarcel.

 

Nos metemos entre las caleyas del pueblo, sobre hormigón, en busca de emociones fuertes.

 

Esta es la rampa con la que nos despedimos de Villamarcel. Aquí se alcanza el 20%.

 

 

El tramo más infernal de la ascensión, un tremendo rampón que llega al 23%.

 

Curva de herradura. Aquí, sufrimiento total.

 

Casi equilibrismo debemos hacer en este tramo.

 

Como se observa, el piso no es excusa para subir algún día con la flaca. El hormigón está perfecto.

 

 

Tras algo más de 6 kilómetros y medio finaliza el hormigón.

 

Espectacular vista del Gamoniteiru, frente a nuestra ascensión del día.

 

Una vista de Villamarcel y buena parte de la ascensión, desde el alto de la Cobertoria.

 

Pincha en el enlace para ver la subida en Google Maps: