Del valle de Trubia parte un duro puerto sistemáticamente olvidado para el ciclismo. Una subida que, debido a su proximidad al centro de la región, ya tendría que haber sido utilizada por las distintas carreras ciclistas que cruzan Asturias. Pero no, una ascensión de este nivel aún sigue “virgen” para la competición ciclista, lo cual extraña sobremanera. Es difícil de explicar por qué un puerto que tiene 8,5 kilómetros a una pendiente media superior al 8% y con rampas que superan el 15% siga ignorado. Es francamente extraño que un puerto que dista apenas 15-20 kilómetros de la capital de Asturias siga ignorado. Es francamente extraño que un puerto que está próximo a otros igualmente duros como Tenebreo-Campa Dosango, Maravio, San Lorenzo, Perlavia o Cobertoria, siga ignorado. Pero si sus números son apabullantes, no lo son menos muchos de los tramos del mismo: ese demoledor inicio con rampas al 15%, esos cinco primeros kilómetros donde la pendiente rara vez desciende del 8-9%; ese tramo hormigonado en Castañedo del Monte que salva una rampa de hasta un 16%; ese kilómetro final, tras pasar Linares, que parece no acabarse nunca,…

Debo empezar la descripción de esta ascensión recordando que esta vertiente atraviesa hasta tres concejos (Oviedo, Santo Adriano y Proaza), aunque la sitúo en Santo Adriano, porque la mayor parte transcurre en dicho municipio.

Partimos de la localidad ovetense de San Andrés, en un cruce que encontramos en la carretera As-228 hacia Castañedo del Monte. Tras adentrarnos en la misma la duda nos asalta pues los primeros metros son básicamente de pequeños toboganes… pero en cuanto dejamos atrás las últimas casas de San Andrés la pendiente se incrementa de forma abrupta. Así, durante dos kilómetros, la carretera se introduce en el bosque y surge un carrusel de curvas de herradura que ayuda a superar las fuertes rampas. Y tras el fulgurante inicio poco a poco se va despejando la arboleda, aunque ésta no se “irá” del todo. Encajonada en el valle empezamos a ver la carretera que asciende hasta Proaza, y frente a nosotros la ascensión a Tenebreo. Los paisajes son de una belleza majestuosa, pero para poder disfrutarlos ya nos habremos pegado una buena paliza en forma de pendientes por encima del 10% e interminables rectas que minan nuestra moral. Hasta que llegamos al clímax de esta vertiente de la Cruz de Linares, el cual se sitúa en la localidad de Castañedo del Monte. A partir de aquí cambia el estado del asfalto (por momentos la carretera será de hormigón) y el leve respiro que estábamos disfrutando en pleno pueblo, desaparece totalmente. En las caleyas de Castañedo del Monte giramos hacia la derecha, en busca del resto de la subida, y nos metemos de lleno en un tramo de hormigón cuya pendiente va aumentando más y más… Hasta un 16% alcanza este espectacular tramo, muy difícil de superar, que nos obligará a retorcernos encima de la bicicleta… Superada la infernal rampa la pendiente decae y entramos en la segunda fase de la ascensión en donde se suceden zonas de descanso con otras de franca dureza. El epílogo de la Cruz de Linares tiene lugar a partir del pueblo que da nombre a este puerto, Linares, en el cual nos encontraremos más tramos de hormigón. Un kilómetro final en donde ya no tendrán cabida más descansos, sino más rampas duras que nos conducirán a la cima, en donde no hay ningún elemento distintivo del alto.

Unas imágenes de la ascensión:

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