Para todo existe una primera vez. Para caminar, para andar en bicicleta, para besar, para querer, para odiar, para subir un puerto, para caer de la bicicleta… y para adquirir tu primera revista de ciclismo. Pues bien, allá por el año 1993 compré un número de la revista “Ciclismo a Fondo” que ya me dejó completamente “hipnotizado” para los años venideros. Creo recordar que era el mes de febrero y había varios reportajes que me gustaron, destacando por encima de todos el referente a una ruta cicloturista por los puertos de Panderrueda y Pandetrave, los cuales se sitúan al norte de la provincia de León, en plenos Picos de Europa. Puertos que se caracterizaban por compartir, en una de sus vertientes, el punto de inicio (el cual se podía situar bien en Caín, al fondo del valle, o en Posada de Valdeón).

Han tenido que pasar 17 años para que, al fin, pueda ir a escalar ambos puertos que tan magistralmente fueron presentados en aquella Ciclismo a Fondo del año ’93. Presento ahora uno de esos dos puertos, el de Pandetrave, quizá el más duro, aunque Panderrueda no desmerece en absoluto. En ambos sitúo el inicio del puerto en la localidad de Caín, lugar en el que arranca la conocida Ruta del Cares.

Numéricamente el puerto de Pandetrave es una terrible ascensión de 19 kilómetros cuya pendiente media se sitúa en el 5,66% y con rampas que alcanzan el 21%. Para hacernos una idea aproximada de su dureza debemos señalar que tiene un coeficiente APM de 274, por encima de Pajares, Cobertoria, Coto Bello, San Lorenzo, Farrapona, Somiedo, Ventana o San Isidro, lo cual nos indica bien a las claras que nos encontramos ante una ascensión sublime.

Arrancamos de la localidad de Caín por una estrecha carretera encajonada entre las montañas, casi al fondo del desfiladero, y ya de pronto nos vemos sorprendidos por impresionantes pendientes de hasta un 17%, aunque en estos primeros compases, tras las rampas duras se suceden zonas de descenso que nos permiten respirar. El paisaje es absolutamente cautivador, de una belleza extraordinaria. Puedo decir que de las, aproximadamente, 200 ascensiones presentadas en este blog sea ésta la más bella de todas. La mano del hombre apenas ha dañado este rincón del planeta, lo cual se agradece. Lo único, la serpeante carretera que nos va a permitir disfrutar de tan magna obra de la naturaleza. Y en medio de toda esta maravilla, nuestro pedaleo atascado para superar, antes del kilómetro 3, la rampa más dura de toda la subida (hasta un 21%), si bien la dificultad mayor se situará más adelante, en una zona de pendiente más constante, porque tras esta fuerte pendiente habrá otra zona de respiro. El clímax de este tramo (el que va de Caín a Posada de Valdeón) lo vamos a encontrar en los tres kilómetros posteriores, en donde la carretera se inclina casi sin descanso de forma abrupta. Entre el kilómetro 4 y el 6 la pendiente media será superior al 11% y deberemos superar varias rampas por encima del 15% (tramo del mirador del Tombo, el cual no he marcado en la gráfica). El recorrido ahora se vuelve aún más espectacular, pues tras esa durísima afrenta de dos kilómetros llegan 300 metros de descenso (con rampas de hasta un 19%) que nos van a situar al pie de otro kilómetro de dificultad máxima. Y es que a la salida del pueblo de Cordiñanes (kilómetro 6,5) la pendiente va a ir “in crescendo” hasta alcanzar el 17%. Serán los últimos coletazos de la primera parte de la subida, pues el kilómetro y medio posterior consta de un breve descenso que nos lleva hasta Posada de Valdeón. Confiados en que lo peor ya ha pasado, en dicha localidad tomamos, dentro del centro de la misma, el desvío hacia Santa Marina de Valdeón y el puerto de Pandetrave (los cuales no están señalizados). La carretera ahora se vuelve estrechísima, siendo el piso muy irregular, muy bacheado,… Pero no serán éstas las mayores sorpresas porque poco a poco la inclinación va aumentando… Extraordinariamente duro es este tramo de carretera que nos conduce hacia la citada localidad de Santa Marina de Valdeón, ya que, si bien hay zonas de descanso con pendiente ínfima, las rampas, en ocasiones, son muy sostenidas (en torno al 12-13%, con “picos” del 15 y el 16%). Pero en cuanto salimos del pueblo definitivamente, el estado de la carretera mejora y las pendientes se suavizan hasta situarse en unos parámetros más “humanos”. Y es que los seis kilómetros posteriores serán los más regulares de todo el puerto, con pendientes que sitúan entre el 5 y el 6%, lo cual servirá para limar de forma definitiva nuestras fuerzas.

Se trata, pues, de un puerto extraordinariamente irregular, duro, largo y bellísimo. Otra de las ascensiones “olvidadas”…

El perfil de la subida.

Y ahora unas imágenes de la ascensión:




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