39x28 ALTIMETRÍAS
El listón en 303 kms
Hace
cinco días me levanté de la cama con todo listo para empezar la ruta.
Ya tenía preparada la comida, la bebida, la bicicleta... Pero la mente,
la cabeza, me fue convenciendo de que no, de que no era el momento, de
que quería descansar, de que necesitaba descansar. Muchas noches de
trabajo, muchos cambios horarios, muchas horas sin dormir lo
suficiente, muchas variaciones de alimentación,... Un año, una
temporada que va pasando factura, porque no sólo de bicicleta vive el
hombre... A las 7:20 de la mañana salí en bici para, tras hacer 3
kilómetros, darme la vuelta, entrar en casa, cambiarme, meterme en la
cama y dormir hasta las 2 de la tarde. A veces hay que descansar,
repararse, reposar, regenerarse, que no es, sino, otra parte de la
bicicleta, del deporte y de la vida, claro.
El perfil de la ruta y el mapa en Google Maps (tened en cuenta que no recoge el tramo de carril-bici, además de algunos callejeos por Quintanar de la Orden y Santa Cruz de la Zarza, de ahí la variación de kilometraje):
Pero tras pasar Villatobas el asfalto empeora camino de Lillo y lo paso mal porque eso puede lastrarme. Una carretera "botosa", revirada, con paisajes que no me imaginaba y que bien vale observar en las fotos, con subidas, con bajadas... ¿Pero esto no era llano? Hasta que alcanzo Lillo y me paro al primer avituallamiento del día, con 100 kilómetros. Será entonces cuando me encuentre con un cicloturista que proviene de Valdemoro y se dirige a Villacañas, que está a unos 10 kilómetros. Dando relevos por una carretera impecable, vamos comentando lo que tengo planeado, me sugiere opciones, hasta que se queda en ese pueblo y yo prosigo con mi idea del record, de buscar Villafranca de los Caballeros, de pedalear lo más hacia el sur posible, de alcanzar Ciudad Real, de dar la vuelta a La Mancha entera si es necesario... Más de 25 kilómetros desérticos, de rectas interminables donde el calor empieza a hacer de las suyas, donde miro al horizonte, allá donde se divisan las montañas y trato de adivinar cuál de ellas será el Navajo.
Me encuentro a otro cicloturista por las "rampas" de la Marañosa y converso con él. No puedo disimular la alegría que traigo. Le comento que llevo desde las 7 de la mañana pedaleando, que he llegado hasta Ciudad Real, que cuando paré a comer llevaba 177 kilómetros, que a partir de entonces el viento me ha jodido pero bien, que sobrepasaré los 300 kilómetros. Y fueron 303...
El perfil de la ruta y el mapa en Google Maps (tened en cuenta que no recoge el tramo de carril-bici, además de algunos callejeos por Quintanar de la Orden y Santa Cruz de la Zarza, de ahí la variación de kilometraje):
Tras
días cogiendo la bici con suaves paseos volví a encontrarme bien, o
mejor que cinco días atrás para buscar el objetivo, el de elevar mi
listón de kilómetros por encima de los 285 del año pasado. La empresa
parecía sencilla ya que había planificado una ruta por las "suaves"
carreteras de la Mancha, al sur del sur madrileño, aquel por el que
muevo ahora. Caminos cuya máxima elevación no alcanzaba ni tan siquiera
los 1000 metros, rectas, llanuras para desplegar los desarrollos largos
de la bicicleta. Plato grande y a correr, me decía... ¡Qué lejos estaba
de saber lo que me esperaba!
A las 7 de la mañana vuelvo a ponerme en funcionamiento, pero esta vez
desde casa, dando las primeras pedaladas por el carril-bici que me
lleva a San Martín de la Vega. La temperatura es agradable y sólo deseo
que no caliente mucho el sol, porque puede ser infernal...El
carril-bici se acaba rápido y salgo a la carretera para dirigirme hacia
Morata de Tajuña por esa ascensión conocida por estos lares como Cuesta
Nueva. Ya estoy en la primera hora de ruta, haciendo casi 27
kilómetros, regulando las fuerzas todo lo más que puedo, porque las
ganas piden ir un poco más fuerte... ¡Seamos cautos! Y así cae la
ascensión, el descenso y un nuevo ascenso de este inicio de ruta
plagado de subidas, como las del Tour de estos días, de esta primera
semana. Ese pelotón moviéndose por las carreteras serpenteantes de
Inglaterra, del norte de Francia, y yo aquí pedaleando por estas zonas
que no tienen tanto caché pero que guardan grandes similitudes con
ellas. Algún día me gustaría mostraros etapas posibles por la zona, con
"muros" al estilo Flandes que te van desgastando, reventando
lentamente. Pero ahora sigo pedaleando por Colmenar de Oreja, hacia el
límite con Toledo, hacia el río Tajo, hacia otra ascensión, a
Villarrubia de Santiago, que marca el primer punto de inflexión. Hasta
aquí más de 800 metros acumulados... Necesito llano ya y en Toledo, con
una carretera anchísima que me lleva a Villatobas puedo desplegar ya el
plato grande, el desarrollo máximo. Una recta larga no, lo siguiente,
de 5, de 6 o de 7 kilómetros, o más... La velocidad media va
ascendiendo paulatinamente y como un reloj voy calculando lo que me
queda para mi record, echando cuentas sobre lo que puedo hacer.
Pero tras pasar Villatobas el asfalto empeora camino de Lillo y lo paso mal porque eso puede lastrarme. Una carretera "botosa", revirada, con paisajes que no me imaginaba y que bien vale observar en las fotos, con subidas, con bajadas... ¿Pero esto no era llano? Hasta que alcanzo Lillo y me paro al primer avituallamiento del día, con 100 kilómetros. Será entonces cuando me encuentre con un cicloturista que proviene de Valdemoro y se dirige a Villacañas, que está a unos 10 kilómetros. Dando relevos por una carretera impecable, vamos comentando lo que tengo planeado, me sugiere opciones, hasta que se queda en ese pueblo y yo prosigo con mi idea del record, de buscar Villafranca de los Caballeros, de pedalear lo más hacia el sur posible, de alcanzar Ciudad Real, de dar la vuelta a La Mancha entera si es necesario... Más de 25 kilómetros desérticos, de rectas interminables donde el calor empieza a hacer de las suyas, donde miro al horizonte, allá donde se divisan las montañas y trato de adivinar cuál de ellas será el Navajo.
Villafranca de los Caballeros marcará el límite de descenso, casi
vertical hacia el sur, puesto que luego la carretera virará hacia el
este, hacia Alcázar de San Juan, entrando en la provincia de Ciudad
Real. Más de 140 kilómetros llevo ya cuando me paro en el límite y poso
como si fuera un puerto. ¡Ciudad Real y desde casa! ¡Increible!
A Alcázar de San Juan llego pronto y trato de no confundirme de
carretera. A punto estoy de tomar la de Campo de Criptana pero una
nueva consulta en el mapa que había fotografiado me indica que no, que
la ruta ha de seguir hacia Quintanar de la Orden. El hambre ya a esas
horas, el calor, los kilómetros hechos (más de 150), los kilómetros que
me faltan hasta allí (otros 30) me recomiendan ir parando a comer, pero
sigo y sigo... Cae el 155, el 160, el pueblo de Miguel Esteban, en
donde busco sitio para comer, pero nada. Continúo pedaleando como un
loco, porque la bici, las piernas, parecen pedirme más. Y así, cuando
llego a Quintanar de la Orden, antes de las 2 de la tarde, pienso que
no hay viento, que no hay repecho que pueda pararme, que pueda
bloquearme. Son 177 kilómetros ya y pienso que el record se me puede ir
por las nubes, o, más bien, llegaré pronto a casa con tiempo de
planificar el próximo.
Pero ahora es la hora de comer y de beber con calma...
Me pongo en funcionamiento a las 14:30, pero observo que hay algo que
ha cambiado. Puede que las dos Coca-Colas, la botella de agua y el
bocata me hayan hinchado demasiado. Tendré paciencia, pienso, hasta que
digiera bien, pero cuando tomo la carretera nacional para ir hacia
Corral de Almaguer me doy cuenta de que ha llegado el viento de cara
que me sopla para impedirme volar. No soplaba cuando había cambiado
hacia el norte de nuevo, hacia Quintanar, pero parece que la hora de la
comida ha sido el punto de inflexión para que cambiara la dirección del
viento. Así los kilómetros ya no caerán con tanta facilidad como en el
"primer turno", así que toca agachar la cabeza y pedalear y pedalear...
En Corral de Almaguer nuevo giro hacia Cabezamesada y el viento que
vuelve a ser benévolo conmigo. Pero será un espejismo, y tras tomar
otra vez dirección norte, hacia Santa Cruz de la Zarza por una
carretera de amplísimas rectas, con pendiente levemente ascendente,
vuelve a golpearme el esfuerzo de hoy. Ya estoy en más de 200
kilómetros y no atisbo ni una referencia, ni un indicador hacia el
siguiente pueblo. Pedaleo como un autómata reventado, con una velocidad
media que paulatinamente desciende por debajo ya de los 26 km/h.
En Santa Cruz de la Zarza se inicia la suave bajada hacia el Tajo, pero
el viento sigue soplando y ni ahí puedo pedalear, relajarme
mínimamente. Los 300 tendrán que ser conquistados a golpe de riñón para
remontar el Tajo y alcanzar Colmenar de Oreja. Es la opción que he
tomado, ya que, aunque no conozco esta subida, sí que transitado muchas
veces el tramo de ahí (de Colmenar de Oreja) hasta casa (lo que
significa deshacer el camino andado por la mañana).Parece Navacerrada, parece Morcuera, parece la Cobertoria, y es ésta
"puñetera" subida que me agarra las ruedas, que no me deja pedalear.
Cuando llego a Colmenar de Oreja entro como cadáver errante en un
pequeño supermercado, un Covirán, para comprar fruta y bebida. Me
siento en un banco, vuelvo a recargarme, a calcular y las cuentas
salen. Tengo otras dos subidas y algo más de 45 kilómetros hasta casa y
son las 18:40. Respira, que hay tiempo, vuelvo a repetirme.
La dirección del viento sigue sin variar, pero me da igual,
completamente igual. Sólo sé que tengo que ascender Valgrande y dejarme
caer para acometer la Marañosa y de ahí también pedalear por el
carril-bici que tantas veces al año utilizo. Ya está...
Me encuentro a otro cicloturista por las "rampas" de la Marañosa y converso con él. No puedo disimular la alegría que traigo. Le comento que llevo desde las 7 de la mañana pedaleando, que he llegado hasta Ciudad Real, que cuando paré a comer llevaba 177 kilómetros, que a partir de entonces el viento me ha jodido pero bien, que sobrepasaré los 300 kilómetros. Y fueron 303...