En las mismas tierras donde surge el Angliru y en las cuales se elevan los montes Llosoriu y Monsacro hay una gran cantidad de ascensiones empequeñecidas por la grandeza del coloso riosano y por sus desniveles inhumanos. Una de ellas, corta en kilometraje, pero grande en dureza, es la que voy a narrar a continuación. Transitando por la As-231, en el concejo de Morcín, y a la sombra del Monsacro, llegamos a la localidad de La Puente en donde tomamos un desvío, bastante escondido, hacia la localidad de La Figar. Tras cruzar el puente sobre el río Riosa comenzamos una ascensión en la que pensaréis que este narrador os está tomando el pelo porque sus primeros 100 metros son muy suaves, casi en bajada. Pero tras llegar a una gran explanada donde está el cementerio de la localidad iniciamos nuestro particular “via crucis” en busca de un desarrollo adecuado porque a partir de entonces las pendientes no dan tregua. Las rampas se sitúan ya por encima del 10% cuando pasamos una tremenda curva de herradura (ver foto) y enfocamos un tramo recto que nos permite ver la brutalidad de la subida en su primera parte, puesto que, como si tratase de un ascensor, vamos dejando cada vez más abajo La Puente y el inicio de la ascensión a la Collada (la cual se divisa prácticamente entera). Tras esa curva de herradura, tan solo las sensaciones (francamente malas), el altímetro (si llevamos) y nuestro cuentakilómetros con una velocidad bajísima nos demuestran que estamos ante una subida durísima, ya que transcurrimos por un tramo casi recto durante un kilómetro, prácticamente. Llegamos, entonces, a otra curva de herradura que nos va a dejar a los pies del pueblo de La Figar, en el cual giramos a la derecha por una pista hormigonada que ya, en sus inicios, da pistas del terreno que nos vamos a encontrar. Las pendientes, a partir de ahora, y aunque parezca imposible, todavía aumentan más, encontrando gran cantidad de muros en torno al 20%. Y es, entonces, cuando hace aparición, pasados los 2 kilómetros de subida, otra curva de herradura hacia la derecha tras la que se encuentra una rampa inhumana del 25% (quizá más, ya que por mi altímetro medí de 50 en 50 metros). Pero pasado ese corto tramo aún nos encontramos más rampas que oscilan entre el 15-20%, que nos conducirán a un pequeño descanso previo a la última parte de la subida, la cual es bastante abierta y nos permite divisar la Gamonal y el Monsacro. La dureza no cesa y, tras otro giro de 180º en nuestro camino, enfocamos una recta al 18% que nos lleva, esta vez sí, a la cima de este Mirador Vegapandu (o Mirador del Pando), desde el cual se ve el Padrún, Baiña, etc., es decir, parte del concejo de Mieres. La pista continúa aún más arriba, pero tras pasar por una portilla abierta (lugar en el que finalicé la medición), seguí el camino en busca de más ascensión hasta tropezar unos 100 metros más allá en otra (portilla) que por desgracia estaba cerrada.

En conclusión, una subida corta de 3,5 kilómetros con una pendiente media superior al 12% (12,06%, y de 12,75% si obviamos los últimos 300 metros) y con rampas que superan el 20% (hasta del 25%). Cuenta con el inconveniente (si alguien lo quiere ver así) de ser pista hormigonada durante casi 2 kilómetros, pero así están otras subidas legendarias. La ascensión a Casielles ya tiene rival. ¡¡AVE MIRADOR VEGAPANDU!!

Estas son las fotos que tomé de esta excepcional subida situada en el concejo de Morcín.

Un cartel más propio de un "western". Y es que aquí sólo suben los valientes.

Y ahí está el cruce. Un desvío escondido en el pueblo de La Puente, en la carretera que va a Riosa.

En este puente que pasa sobre el río Riosa se inicia la subida.

Tras la explanada del cementerio, nos encaminamos a La Figar. La pendiente asciende de manera brutal a partir de entonces.

Esta es la primera gran curva de herradura en donde las rampas ya pasan del 10%.

Rápidamente vamos cogiendo altura.

La imagen es engañosa puesto que es uno de los puntos duros de la subida. Bueno, como casi todos.

A partir del pueblo de La Figar, la ascensión transcurre por pista hormigonada. Y esta es la primera rampa... o, mejor dicho, el primer rampón.

Las rampas a partir de La Figar oscilan entre el 15 y el 20%, salpicadas por pequeños descansos que suavizan el porcentaje medio.

Dos imágenes de la tremenda rampa, la más dura, de la subida. La pendiente llega a este punto al 25% (aunque quizá sea más por el motivo que habreis podido leer en el artículo de la altimetría).

Lejos de suavizarse, tras pasar el rampón del 25% aún hay más rampas y más pendientes salvajes.

Impresionante imagen de la subida, con el Monsacro y el Aramo al fondo.

Buscando el descanso previo a la parte final salvamos esta curva de herradura con un porcentaje que pasa del 20%.

Y entramos en la parte final.



Más fotos del tramo final, con rampas casi "irreales".

La belleza y la grandeza de esta subida en esta imagen.

Tras 3,5 kilómetros finaliza esta subida en el Mirador del Pandu, que al igual que en casi toda la subida carece de carteles indicadores (ni en La Puente, ni en La Figar, ni aquí arriba). Casi parece una subida fantasma.

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