Si para los católicos existe Roma; para los peregrinos, Santiago de Compostela; para los futboleros, las más diversas catedrales del fútbol (Maracaná, Wembley o el Bernabéu), existe para los cicloturistas (o ciclistas) españoles, un lugar de culto al que, al menos una vez en la vida, han de subir, un puerto mítico a la misma altura que los Tourmalet, Mortirolo, Gavia o Mont Ventoux. Se llama Angliru y está en el mismísimo corazón de Asturias, en el concejo de Riosa. El coloso, que prácticamente nació con el nuevo siglo, no es ni mucho menos el puerto más duro del mundo, aunque su aureola contribuyó al nacimiento de un nuevo tipo de ciclismo, de carretera al menos: el de las subidas extremas, el de aquellas que sobrepasan el 20% de inclinación. Todo lo demás parece no estar a la altura, parece no ser lo suficientemente duro. El Angliru cambió incluso las bicicletas, puesto que los desarrollos anteriores a su aparición no eran válidos (prácticamente) para ascenderlo. Apareció el triple plato en la bici de carretera, apareció el plato de 34 dientes (para aquellos reacios a llevar tres platos), aparecieron las coronas que antes parecían reservadas exclusivamente para las bicicletas de montaña, surgieron competidores en Italia (Zoncolan o Plan de Corones),


El Angliru fue el revulsivo del ciclismo español tras la retirada de Indurain. La expectación levantada con su primer ascenso en una competición profesional fue grandiosa y, hoy, el aficionado de a pie exige este puerto para que la Vuelta a España tenga su mito como el Tour tiene el Galibier o el Tourmalet, y el Giro, el Mortirolo o el Stelvio. Pero no nos confudamos, el Angliru no es un puerto, sino un alto, una pista asfaltada para convertirla en la gran atracción del ciclismo español actual, para tapar las bocas que decían y siguen diciendo que en España no hay montaña. Pues sí la hay, y de puertos muy similares a los del Tour, ascensiones que no llegan a los extremos del coloso riosano y que no levantarían la polémica que cada ascenso provoca. Pero esa es otra historia.

La vertiente tradicional del Angliru se inicia en la localidad de La Vega, capital del concejo asturiano de Riosa, siendo sus primeros kilómetros muy progresivos, como de calentamiento para lo que viene a partir del área recreativa de Viapará. Es en esa primera parte donde encontramos rampas ya al 12-13% para ponernos a prueba, aunque no muy continuadas. Tras pasar el desvío a la localidad de Busloñe (en el km. 4,7) llegamos a Viapará, donde la pendiente es muy suave, de descenso incluso. Lo que hay a partir de ese lugar es una sucesión de rampas que ya están en la leyenda del ciclismo. Los primeros metros tras pasar Viapará ya tienen rampas que alcanzan el 15% de inclinación y que no bajan del 10%. Hasta que llegamos a la Cuesta Les Cabanes, primera zona en donde encontramos un 20% (y más). Durante unos 400 metros la pendiente media es de un 18%... Tras ella vamos a entrar en una amplio tramo en donde no bajamos del 10% (casi un descanso tras lo que acabamos de sufrir). Dos curvas de herradura (Llagos y Les Picones) nos van a dejar divisar La Cueña Les Cabres, aún muy arriba. Psicológicamente esta zona es desmoralizadora, puesto que aquí nos damos cuenta de que la empresa es francamente complicada. La cima está alejadísima aún, a pesar de que el gasto de fuerzas ya ha sido considerable. Otra curva de herradura y la carretera sigue inclinándose aún más. Ahora ya empezamos a ver unas cuantas cabañas. Se trata de la curva de Cobayos, a más de 1250 metros de altitud. Una tremenda herradura cuya pendiente alcanza el 16%, pero que poco nos va a parecer, puesto que tras ella hace su aparición el tramo de carretera más famoso del ciclismo posiblemente: La Cueña Les Cabres. Una tremenda, inmensa, durísima, increíble y colosal recta de unos 800 metros que alcanza el 23,6% de inclinación, pero que, lo más importante, mantiene casi inalterablemente una media del 20%, lo que obliga a cualquier ciclista a un esfuerzo casi sobrehumano, intentando mantener el equilibrio con un cuerpo que ya lleva sufriendo las embestidas de esta subida durante más de 10 kilómetros. La Cueña, en mi opinión, no tiene parangón por su situación estratégica dentro de la subida al Angliru. Puede haber rampas más duras en cualquier otro puerto asfaltado (24% en Plan de Corones, 26% en Alba, 32% en Llosa Alfonso), pero encontrársela a esa altitud, en una recta y tras 4 kilómetros a más del 12% de pendiente media es moralmente devastadora.


El Angliru, como bien sabemos, no acaba en La Cueña Les Cabres. Aún hay que apretar los dientes durante más de dos kilómetros y superar herraduras y rampas que llegan al 20%, como las del Aviru, ya en la parte final. Muchos coinciden en señalar que es incluso más dura esa zona que la anterior, que la Cueña, pero debemos tener en cuenta que el desgaste sufrido nos habrá dejado casi sin fuerzas. Tras más de 12 kilómetros encontramos un suave descenso que nos conducirá hacia la explanada del Angliru.




A continuación unas imágenes de la subida:




 

Mapa de la subida en Google Maps:









Vídeo en plena ascensión: